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Un escudo y apellidos de fantasía

Una amiga, que trabajaba para uno de los más grandes portales genealógicos, me refería hace algún tiempo que las búsquedas más habituales en dicho portal se enfocaban en la búsqueda de reyes o ancestros nobles.

Indudablemente, hablar de la vanidad de las personas no resulta nada nuevo. Ya me manifesté sobre este asunto en enero del año ’22, en “De heraldistas y genealogistas distraídos”[1], pero ayer encontré en una red social un escudo supuestamente perteneciente a un prójimo de origen rioplatense— que me lleva a escribir estas líneas especialmente por dos motivos: porque conozco el origen y blasones de los Cabral de Melo en el Río de la Plata, y porque el heraldista y el supuesto “certificador” de dicho blasón de fantasía resultan ser los mismos a los que me refería en mi artículo del año ’22.

Es lástima ver que quienes se autodenominan heraldistas sean quienes a veces denigran la ciencia heroica a una mera representación gráfica —ejecutada con mayor o menor grado artístico, según la apreciación particular de cada uno— para satisfacer la vanidad de quienes necesitan aparentar aquello que no se ajusta a la realidad.

escudo-de-fantasia

Según manifiesta el heraldista en una conocida red social, ha “tenido el honor de ilustrar escudos de armas para esta certificación”, que según el mismo heraldista han sido certificadas por un tercero[2], para un individuo que aparentemente dice llamarse “Fernando Durán Cabral de Melo e Alpoim y Ayala-Schiaffino”[3]. Dicha manifestación de un “Cabral de Melo e Alpoim” llamó mi atención por no ser desconocido para mi el linaje de los Cabral de Melo y porque jamás en la historia ha existido nadie que utilizara el apellido “Cabral de Melo e Alpoim”, al extremo de que ni siquiera los hijos de Amador Vaz de Alpoin y Margarita Cabral de Melo utilizaron —a principios del s.XVII— el apellido escrito en esa manera.

Tanto el blasón, como el rimbombante e inexistente apellido, resultan llamativos para un prójimo cuyo padre se apellidaba Durán, y su madre Schiaffino; pero analicemos, con algunos datos históricos y genealógicos, el mencionado blasón.

En el primer cuartel pintan las armas que muchos nobiliarios describen para un linaje Durán, de Galicia. Al parecer el propietario del supuesto escudo —siguiendo la genealogía que el propio interesado publica en Geni[4], y sin haber comprobado la certeza de la misma— es por varonía Domínguez, teniendo que buscar el Durán recién en su 5ª abuela, nacida en Tuy en 1756, sin que nos conste que esos Durán, originarios del Consejo de Covelo (Pontevedra) hayan utilizado las armas que aquí se pintan.

En el segundo, tercer y cuarto cuarteles pintan Alpoin, Cabral y Melo. Al parecer habría que buscar el origen de estos cuarteles en los 11º abuelos del orgulloso propietario de este escudo de fantasía —por supuesto no en línea recta de varón—, el capitán Amador Vaz de Alpoin y Margarita Cabral de Melo, quienes habiendo nacido en la isla Tercera, de las Azores, el 5 de enero de 1599 arribaron al puerto de Buenos Aires procedentes del Brasil —donde habían estado durante tres años— trayendo consigo varios hijos pequeños y un caudal de 500 ducados de Castilla.[5]

Testamento de Margarita Cabral de Melo

 

El capitán Amador Vaz de Alpoin era tataranieto de Pedro Vaz Marinheiro “homen nobre e poderoso, chamado assim porque mandó fazer náos e navíos n’esta ilha, e morava junto da Praça da cidade da Ponta Delgada, defronte da cadeia”, bisnieto de Grimanesa Pires —hija del anterior— quien casó con Esteban Roiz de Alpoin, escribano de huérfanos en esa ciudad.

Poco tiempo después, en 1603, el capitán Amador Vaz de Alpoin acompañó al gobernador Hernandarias en una entrada que hicieron a las islas del Paraná para buscar cañas con las que techar la iglesia, siendo atacados por indios charrúas que a punto estuvieron de acabar con la vida de Hernandarias, de no haber sido por la intervención de Vaz de Alpoin, estableciéndose entre ambos una fuerte amistad.

Uno de sus hijos, el maestre de campo Manuel Cabral de Alpoin —al que su madre menciona como Manuel de Alpoin en su testamento— pasó a Lisboa en 1611, obteniendo el 15 de febrero de 1612 una certificación “emanada del rey de armas de la corona portuguesa”[6] mencionando el blasón que le correspondía:

 

1º Por Alpoin: de azur, partido en roquete, con una cuna de plata; bordura de gules con un triángulo abierto de oro; 2º, Por Cabral: de plata, dos cabras de púrpura; 3º, Por Melo: de gules, puntillado de oro, con seis roeles de plata. Cimera, un ave de su color, picada y membrada de oro; yelmo de plata, abierto, guarnecido de oro. [7]

 

El maestre de campo Manuel Cabral de Alpoin[8] fue hermano del capitán Juan Cabral de Melo —10º abuelo de Durán Schiaffino— y fue casado con Inés Leal de Ayala. Con tales datos presumimos que este ha de ser el presuntuoso origen del supuesto apellido “Durán Cabral de Melo e Alpoim y Ayala—Schiaffino” que se atribuye el propietario del blasón y certificación, pintado y emitida por los peculiares heraldistas; apellido que nadie, a lo largo de la historia, ha utilizado jamás. Por supuesto tampoco el linaje de la madre viene por varonía ininterrumpida de Cabral de Melo, se interponen los linajes Fernández de Agüero, Gallén, Ruano y Schiaffino.

Volviendo al blasón pintado por el heraldista, éste presenta sobre el todo un escusón, también cuartelado, con las Quinas de Portugal y el blasón utilizado por el rey don Enrique II, hijo del rey don Alfonso XI, antes de ser coronado rey de Castilla y León[9]. Este escusón resulta muy sorprendente puesto que no parece tener justificación alguna. Tal vez se podría interpretar —siempre en manera peculiar— que pinta Portugal por haber sido Margarita Cabral de Melo descendiente del rey Alfonso III de Portugal, pero no atinamos a entender de dónde puede proceder el cuartel usado por Enrique II siendo infante.

Parecería que el propietario de este fantasioso blasón —curiosamente pintado y certificado por los heraldistas, como afirma uno de ellos— ha tenido que retrotraerse 12 generaciones hacia atrás para encontrar a los antepasados nobles con escudo (capitán Amador Vaz de Alpoin y Margarita Cabral de Melo) de entre los 4.096 ancestros que todos tenemos en esa generación.

Lo del escusón resulta muy singular y desconcertante. Si todas las personas que descienden de Alfonso III pudieran pintar las armas de Portugal, serían millones de personas las que podrían hacerlo.

El rimbombante e inexistente apellido, trae a mi recuerdo el conocido epigrama que dedicó Quevedo al Dr. Juan Pérez de Montalbán, diciendo:

 

«El doctor tú te lo pones,                          
el Montalbán no lo tienes;                       
con que, quitándote el Don,                    
vienes a quedar Juan Pérez»

 

Mención aparte merecen los heraldistas que pintan y certifican fantasiosos blasones para epatar a crédulos e ingenuos. Si para muchos la heráldica es una ciencia histórica que debe ser tomada con responsabilidad, es claro que otras personas la tienen por una actividad a desarrollar sin seriedad ni rigor alguno, por mucho que se denominen así mismos heraldistas.

 
 


[2] https://www.facebook.com/groups/HeraldicArt    [29 de diciembre de 2025]

[3] Ibídem.

[5] LABOUGLE, Raúl de. “Litigios de antaño”. Buenos Aires, 1941.

[6] AZAROLA GIL, Luis Enrique. “Los Maciel en la historia del Plata” Buenos Aires, 1940.

[7] LABOUGLE, Raúl de. Op. cit. Idéntica descripción, aunque con ligerísimas variaciones en algunas palabras son indicadas por Azarola Gil.

[8] MOLINA, Raúl A. “Diccionario biográfico de Buenos Aires 1580-1720”. Buenos Aires, 2000.

[9] MENÉNDEZ PIDAL DE NAVASCUES, Faustino. “Heráldica medieval española” Madrid, 1982.

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