Curiosidades
Breve semblanza sobre los hermanos Thwaites
Quienes invierten parte de su tiempo en el estudio de las familias y de los linajes saben que existen algunas familias cuya observación resulta más pintoresca o colorida, o al menos cuyo estudio se muestra más entretenido que otras. Esto no se debe a ninguna circunstancia en especial sino a la diversidad y peculiaridad de los pormenores que rodean las vidas de los miembros de ese linaje en concreto.
Existe una característica recurrente en muchos trabajos y estudios genealógicos de linajes establecidos en el Río de la Plata, que llevan a establecer las diferentes ramas y conexiones de parentesco entre los descendientes de aquella persona que fue el fundador del linaje en nuestras tierras, olvidando aquellas otras líneas que si bien no descienden de ese primer individuo están estrechamente relacionadas con él.
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Un yacaré overo, oriental y patriota, en el Portón Haedo
No hace muchos días un pícaro yacaré overo[1] (caimán latirostris), posiblemente aburrido de la cotidianeidad de la vida en sus habituales pagos, decidió emprender un viaje que ampliara su cultura y experiencia; entretenido en su periplo, es posible que a nuestro yacaré viajero le llegaran las noticias que sobre la belleza del paraje citó Dámaso Antonio Larrañaga[2] en 1815, diciendo “Jamás he visto lugar que más me hechizare: creo que en pocas partes haya derramado la naturaleza a manos llenas ni más bellezas ni más encantos” y enfiló hacia el lugar denominado “Portón Haedo” o “Portones de Haedo”, que con ambas formas es denominado este paraje en el Río Negro (Uruguay).
Vanidades y un payaso de terracota
Hace unos días, en uno de tantos grupos de genealogía en internet, se estableció una seria discusión acerca de la imagen de una señora. Unos decían que no debería hablarse de ella públicamente puesto que, fuera de la relevancia social que le aportaba su linaje y condición, no tenía mayor interés.
Actualmente -posiblemente también en un pasado no muy lejano-, la relevancia social es objeto de interés para mucha gente, dispuesta incluso a pagar para estar al tanto de a qué reuniones o eventos acuden ciertos personajes del papel couché. Resulta curioso que esa misma relevancia, hoy en día, no siempre concuerda con los cánones que regían algunas décadas atrás; revistas como Point de Vue y Hola resultan medios absolutamente estúpidos, con ventas millonarias.
La biblioteca de los genealogistas
Ayer[1] llegó a mi domicilio la primera edición, del año ’31, del libro “Intermedios” del proverbial Pío Baroja, que tantas estampas de las costumbres vascas nos ha dejado en sus escritos. Primera y única edición puesto que, si apartamos las incluidas en obras completas, no existe otra[2].
Es un libro curioso. Una suerte de compendio de dos obras teatrales –“novela film” llama Baroja a una de ellas-, otros muchos recuerdos, pensamientos y opiniones. Un curioso compendio de teatro, memorias y ensayo.